Ciencia y saberes tradicionales: brecha aún por superar. Nota en el Portal Internacional SciDev.Net
Parte de la Nota periodística realizada en el Portal SciDev.Net (Ciencia y saberes tradicionales: brecha aún por superar - América Latina y el Caribe (scidev.net)) por la periodista Daniela Hirschfeld. Fecha de publicación: 19/07/2023.
Preguntas completas formuladas por la periodista Daniela Hirschfeld como preparación de la Nota periodística realizada en el Portal SciDev.Net
1- ¿Por qué
te llamó la atención este conocimiento empírico (de la alergia de la aruera)
como para estudiarlo?
Desde mi niñez en el campo en el interior uruguayo
(Paysandú) me llamaban la atención las plantas, pero en particular aquellas a
las que las personas le tenían una actitud de desprecio (las llamadas
“malezas”) o a las que se les tenía miedo. Eso no encajaba con lo que veía en
la escuela de lo “buenas” que eran las plantas, que hacían fotosíntesis y nos
generaban oxígeno para respirar y nos brindaban otras tantas cosas de
importancia (alimentos, abrigo, materiales, etc.). Además, yo veía a esas
plantas y sentía aromas exquisitos, por lo que pensaba en que “tan malas” no
podían ser. Me hice químico de plantas justamente para poder profundizar en
estas cuestiones. En el caso de la “aruera” (Lithraea molleoides) mis
padres le tenían un miedo terrible, y más de una vez recuerdo en el monte de
tener que correr porque había uno de estos árboles cerca. Yo pienso que a todas
las cosas más que tenerles miedo, hay que entenderlas (o al menos tratar de
hacerlo). Cuando comenzó la idea del estudio (además sugerida por mi jefe en
2020) yo venía de trabajar en Italia sobre algunos componentes químicos que son
controlados en perfumes por ser alérgenos. Así que grande fue la sorpresa
cuando a través de una revisión bibliográfica vi que varios de esos compuestos
eran compartidos por la “aruera”, lo que se confirmaría (y expandiría) luego de
iniciar la investigación en curso.
2- ¿En qué
estadio de la investigación están actualmente?
La investigación ya ha revelado primariamente la
presencia, en las partes aéreas de L. molleoides, de al menos 19
compuestos químicos alérgenos reportados en la literatura. Sin embargo, se ha
evidenciado una gran variabilidad en la abundancia de estos, lo que puede estar
relacionado al ambiente en el que los árboles crecen (gobernado por
interacciones bióticas/abióticas). En la actualidad se están confirmando estos
datos, racionalizando su significancia y preparando la primera publicación
científica completa (se han presentado hasta el momento varios resúmenes en
congresos). En los meses venideros se desarrollarán actividades in-vitro
para saber si es posible que estos componentes interaccionen en la piel,
confirmando su potencial alergénico.
3- ¿Para qué
sirve o en qué se podría aplicar?
No se puede aplicar lo que no se entiende, y no se
puede entender lo que no se conoce. Así que conocer qué compuestos químicos
produce la “aruera”, cómo lo hace y realmente saber si son o no alérgenos en
las condiciones en que las personas suelen ser afectadas podría servir
eventualmente para aplicar tratamientos paliativos para este tipo de pacientes.
Además, hay que tener en claro que el árbol no produce estos componentes
“porque sí”, sino que deben estar vinculados a una “barrera de defensa química”
contra las posibles fuentes de agresión (principalmente bióticas). De esta
forma, es muy probable que tengan actividad biológica, y se podrían aplicar en
formulaciones para beneficio de la humanidad, por ejemplo, como biopesticidas
contra insectos fitófagos o contra bacterias/virus fitopatógenos (algunos
estudios ya efectuados y en curso apuntan a esta potencialidad). Obviamente,
esto debe ser abordado por la investigación científica aplicada, y hasta el
momento es sólo una hipótesis.
4- ¿Por qué es necesario rescatar los saberes
tradicionales de nuestra región en relación a las plantas?
En esto es importante recordar el concepto de
etnobotánica como el estudio de las relaciones entre los recursos vegetales y
cómo los diferentes grupos humanos los emplean para beneficio propio (desde
alimentos a medicinas). Se ha demostrado en varias oportunidades que el enfoque
etnobotánico es sumamente valioso para relevar y rescatar conocimientos
ancestrales que se han adquirido por ensayo y error a lo largo de cientos
(incluso miles) de años. Por ejemplo, si se está buscando un compuesto con
actividad medicinal es mucho más probable que se encuentre en una planta que la
tradición la asigna como “medicinal” y las personas la emplean (a pesar de que
no haya estudios científicos al respecto) que en plantas recolectadas
totalmente al azar (incluso en este caso, se puede dar con una planta que tenga
componentes tóxicos, siendo el efecto contrario al buscado). Por ello hay que
insistir en lo que se ha llamado la valorización de los conocimientos
tradicionales, es decir, no menospreciarlos sino tomarlos como base para hacer
investigación y darles soporte científico a esos conocimientos. En otras
palabras, los saberes tradicionales son como un “libro” que debemos aprender a
leer, porque en él hay muchos conocimientos e indicios que nos podrían llevar a
descubrir cosas nuevas. Lo lamentable es que estos saberes se van perdiendo con
los años y deben ser rescatados urgentemente por la etnobotánica. Como ejemplo
de esto, invito al lector a pensar en el conocimiento de las plantas
medicinales (“yuyos” para muchos) que detentaban las abuelas de la mayoría de
nosotros (como esa figura matriarcal que impartía sabiduría), los que se han
ido perdiendo o erosionando constantemente hasta la situación actual, como lo
demuestran algunas publicaciones en el tema. Yendo más atrás en el tiempo, en
Uruguay perdimos irreparablemente todo el conocimiento etnobotánico de los
pobladores originales del territorio, siendo lo que resta informaciones muy
fragmentadas y tomadas de contextos culturales diversos o de fuentes indirectas.
Por ejemplo, no se sabe nada sobre el uso de las plantas medicinales que tenían
los charrúas, y lo poco que sabemos (o suponemos que sabemos) viene del
sustrato guaraní documentado por los primeros europeos en América. La
Etnobotánica y la valorización científica de los saberes tradicionales nos
puede ayudar a contrarrestar esta pérdida de información, máxime en la época
actual de una economía basada en conocimientos.
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